Cortijos, haciendas y lagares. Provincia de Sevilla. Tomo 1 - page 364

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Cortijos, haciendas y lagares.
Sevilla
Martín Navarro es un imponente edificio, de grandes dimensiones, traza muy regular
y articulado en torno a un gran patio rectangular. Una cruz humilladero jalona el espacio
ante la colosal fachada de la hacienda, que está rematada por almenas sesgadas y presenta
escasos vanos que han sido cegados. Al centro de este imafronte se abre su monumental
portada, de orden dórico y rematada por un piñón –que, por cierto, nos recuerda al que
remata la portada de la Hacienda la Platilla en Carmona– con tres hornacinas vacías y una
espadaña sin campana. Esta fachada estuvo bellamente esgrafiada, de lo cual aún quedan
algunos restos. Por su parte, el patio se articula al parecer mediante parterres, como si de
un espacio ajardinado se tratase; ¿producto de una reforma decimonónica o del siglo XX?,
tal vez. Las crujías que configuran este patio están porticadas con excepción de la de la
fachada. En ésta, flanqueando el portal, debieron encontrarse dos viviendas, seguramente
del guarda y del encargado de la finca.
En el extremo izquierdo de esta crujía de fachada está la singular capilla de la hacien-
da, de dimensión mínima para una explotación agraria y sencillamente imposible para un
convento. Se trata de un espacio cuadrado, muy prominente en altura, en cuyo frente se
lee esgrafiada una inscripción mariana «Concebida sin pecado original». En su interior, la
cúpula que la cubre aún conserva en las pechinas los escudos de la Orden mercedaria y en
la calota yeserías y pinturas de algunos santos de la misma, presididos, como no podía ser
de otra manera, por la patrona de la Orden, la Virgen de la Merced, junto a la que aparece
san José con el Niño. Cuenta con un aparatoso retablo de telas encoladas, dándose la cir-
cunstancia, única en las explotaciones agrícolas del entorno sevillano, que en su hornacina
se abre un óculo a manera de transparente, todo lo cual queda reflejado en la fachada del
edificio como si de un miniaturizado camarín se tratase. Por lo demás, la capilla es reflejo
de la finísima factura de todo el edificio, que lógicamente en este lugar llega a su ápice,
hasta el punto de que su maltratada puerta es una buena obra de carpintería, destacando
igualmente el cuidado estucado de las paredes.
Vista del patio hacia la crujía de fachada.
Retablo de la capilla.
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